A todos se nos vienen a la cabeza diversas ventajas que tendríamos si desde nuestra empresa nos proponen, o nos permiten, trabajar desde casa. En primer lugar, el tiempo y el dinero que nos ahorraríamos en desplazarnos a nuestro puesto de trabajo, y no hay que vivir en un gran capital para invertir mínimo una hora para ello todos los días. La de reuniones improductivas que nos evitaríamos. La flexibilidad de horario que nos permitiría cortar a nuestro antojo y por ejemplo bajar a hacer la compra, ir al gimnasio, atender mejor a nuestros hijos y muchos etcéteras más.

Ahora, permíteme una reflexión que casi todos podemos aplicar a nuestros domicilios y es el tipo de espacio físico que tenemos en nuestra casa para poder trabajar. Difícilmente pocos dispondremos de una habitación separada y perfectamente equipada a modo de espacio de trabajo que no sea una esquina de nuestro salón, nuestra cocina o mismo el balcón de casa. Y sin mencionar lo complicado que es organizar un horario en nuestro ámbito doméstico que nos permita desconectar del trabajo.

Empresas de recursos humanos han constatado en casos reales, que la productividad de los trabajadores (tanto desplazados como autónomos), baja tras unos meses trabajando desde casa. Esta bajada de productividad se debe a que estos profesionales acaban manifestando índices de frustración y desidia debido a la pérdida del ambiente laboral tanto en el horario y el espacio, como en las relaciones humanas con otras personas.

Una alternativa que está a medio camino entre un puesto en la oficina y el teletrabajo desde el domicilio particular, son los espacios coworking. En estos centros, se conjugan las ventajas del teletrabajo (cercanía al domicilio, flexibilidad y concentración), con las ventajas de una oficina (ambiente laboral, facilidad para respetar un horario, un espacio de trabajo diferenciado que nos permita desconectar y relaciones humanas). Ahora que ya conoces esta opción, acércate a conocer este planteamiento de negocio en uno de estos espacios.